Rezan por un mejor cielo para los pescadores caídos durante el huracán «Ismael»

Por:  Sofía García

Los recuerdos amargos, la tristeza y el dolor de perder a sus seres queridos que lo único que hicieron fue perseguir el sustento en el mar, sacuden las mentes de sus familias, de sus madres, esposas e hijos. A 22 años de distancia, el huracán «Ismael» sigue cimbrando a Mazatlán, un puerto pesquero que ha basado sus ingresos en la captura del camarón y otras especies marinas como segunda alternativa de empleo, después del turismo.

El desorden en la industria, la falta de protocolos de seguridad, de capacitación y de responsabilidad de parte de las autoridades nublaron los corazones de los mazatlecos cuando el meteoro cobró la vida de más de cien personas, muchos de ellos menores de edad.

Fueron cientos de pescadores los que murieron durante el huracán «Ismael» hace 22 años, recuerda con amargura Ricardo Michel Luna, líder de la Unión de Armadores del Litoral Pacífico.

Tu sabes que las autoridades siempre maquillan las cifras, las oficiales dicen que fueron poco más de 30 mazatlecos, pero sabemos que fueron más de cien y otros más del norte de Sinaloa y de Sonora, afirmó el empresario de la pesca del camarón, antes de presidir la Ceremonia del XXII Aniversario Luctuoso de los Pescadores Fallecidos por el Huracán «Ismael».

El evento se llevó a cabo este jueves a casi las 12:00 horas del día en la explanada de La Puntilla, donde los barcos zarpan y son revisados por elementos de la Armada de México y capitanía de puerto. Ahí cuidan que vayan bien equipados con radio, equipo de seguridad, salvavidas y que los trabajadores del mar cuenten con sus respectivos documentos que acrediten que están capacitados para enfrentar alguna eventualidad. Pero no siempre fue así.

Tras 22 años de la tragedia, en que un sinnúmero de pescadores perdieron la vida, muchos de los cuales, sus familias no saben si efectivamente murieron durante el huracán, pues en esos años no se exigía la libreta de mar, no había capacitación, ni registro de salida, sólo las ganas y la necesidad de salir a buscar el sustento. Muchos jóvenes, se dice, perecieron en el embravecido mar. Sus familias no lo saben. No tienen la certeza, algunos pensarán todavía que andan vagando pues ya no regresaron a sus hogares. Y es que la pesca, en ocasiones, llegó a ser como una alternativa, de repente llegaban los desempleados a los muelles buscando alguna chamba para comer, se subían al barco y regresaban un mes después con sus seres queridos. Con ojos brillosos por la ilusión, «jalaban» la banda y se hacía la fiesta, construían otro cuartito más a su casa y luego de nuevo la «necesidad».

A la familia de Ricardo Michel la muerte le llegó de sorpresa. Su hermano y su hijo perecieron. Él usó todos sus recursos y apoyos de amigos para encontrarlos, para finalmente darles cristiana sepultura. Su madre sufrió una de las pérdidas más terribles, la muerte de sus seres queridos. Ahí se encontraba en la puntilla, orgullosa de su hijo Ricardo Michel, quien año con año realiza esta ceremonia para recordar a quienes están en un mejor cielo.

El Huracán «Ismael» no fue verdaderamente dimensionado en su peligrosidad. Cuentan los pescadores de antaño, que la pesca estaba en su mejor época. Los hombres no querían regresar al puerto a resguardarse porque sacaban toneladas de camarón en esos días. A algunos los agarró de regreso en los puertos de abrigo, otros de plano no pudieron entrar a resguardarse. Se habla de que la autoridad no alertó, no existían los medios de comunicación que hay ahora.

Los hombres de mar salían a la pesca sin ninguna capacitación. El hambre y el deseo de trabajar los impulsaba a regresar con varios kilos de camarón y dinero para apaciguar sus necesidades. A partir de esos años, las familias de los pescadores recuerdan el fatídico día en que el Huracán Ismael tocó el mar, no así la tierra. Nadie se imaginó que el meteoro que pasó por enfrente afectaría a los pescadores. La virgen María del Mar, ubicada en La Puntilla, es el sitio de reunión para los pescadores y sus familias. Se llena de flores todo el año, algunos no relacionados con la pesca, también van a rezar un rosario o a pedir por los suyos.

Después del Huracán «Ismael» ha habido otros como el Newton que tocó la vida de otro pescador mazatleco. Por ello, las viudas y los niños de los pescadores desaparecidos se han organizado a través de los años para buscar el apoyo de las autoridades. Se han conformado cooperativas, ha habido líderes que han aprovechado la oportunidad para verse beneficiados a sí mismos, la ayuda llega algunas veces regateada.

Este jueves se llevó a cabo la ceremonia, donde se reunieron diversas autoridades convocados por Ricardo Michel, quien es además regidor del cabildo mazatleco, además del alcalde Fernando Pucheta, el Comisionado Nacional de Acuacultura y Pesca, Mario Aguilar y el capitán de puerto, Enrique Mora Reyes.

Dieron pase de lista de cada uno de los más de 30 mazatlecos caídos y todos gritaron presente. Después de la ceremonia cívica donde se hicieron los honores a la bandera, se develó la placa en honor a los marinos caídos al lado de la virgen María del Mar. Ahí el padre Adán ofició una misa con los familiares de los pescadores. Posteriormente las autoridades posaron una ofrenda en el mar como homenaje a quienes perdieron su vida trabajando con la esperanza de regresar a puerto con su familia para brindarles bienestar económico y un mejor futuro.  A un día de iniciar las capturas oficialmente en altamar, los pescadores se llenan de información por diversos medios, a través del internet en el teléfono celular, de los equipos de radiocomunicación que tienen en los barcos y de muchas maneras.

Ricardo Michel sostiene que ya no son los tiempos de antes, ahora los trabajadores del mar están más enterados que las propias cooperativas u organizaciones que constantemente se están informando sobre cuestiones climáticas y de riesgos en el mar. Se aprendió con pérdidas humanas, esperemos que esto no vuelva a suceder, finaliza Ricardo Michel, a quien el 14 de septiembre no le representa una fecha de alegría, sino de despedidas abruptas y dolor ante la pérdida de sus seres queridos y amigos.

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