Temas que ya no son prioridad
Por Alejandro Gallardo
Había dos temas listos para abordar esta semana: las crecientes fallas del gobierno municipal en Mazatlán y el debate anticipado sobre el proceso para elegir candidatos a la gubernatura en 2027. Pero, como ya es costumbre, la violencia en Sinaloa decidió reordenar la agenda pública.
Y no se hace desde una oficina ni mediante conferencias de prensa o debates parlamentarios. Lo hacen desde el estruendo de las balas, desde la sombra de los grupos criminales que, durante nueve meses, han instaurado un régimen de miedo. Hoy, hablar de política local o de aspiraciones electorales se siente frívolo, fuera de lugar. Porque mientras la clase política discute el futuro, el presente se desmorona.
El motín en el penal de Aguaruto —uno de los más peligrosos del país— nos recuerda, una vez más, quién manda realmente. Desde ahí, los capos del crimen organizado operan con una libertad insultante. En cada revisión se encuentran armas, drogas, dinero, tecnología de punta y un sinfín de objetos prohibidos. Lo indignante no es sólo su presencia, sino la normalización de su hallazgo. ¿Quién permite su ingreso? ¿Quién los protege? El engranaje de corrupción está tan arraigado que ni siquiera se esfuerzan por ocultarlo.
Las detonaciones, escuchadas durante más de una hora en redes sociales, evidencian que el Estado es un espectador más. Un Estado que no logra contener un motín en un solo penal, mucho menos garantizar paz en una ciudad entera. Porque mientras en Culiacán ardía el penal, en Mazatlán se lanzaba una alerta por la presencia de explosivos en el Palacio Municipal. La psicosis se ha institucionalizado. Y los responsables de sembrarla no necesitan reconocimiento oficial: ya dominan el territorio, ya tienen el poder que cuenta.
Mientras tanto, en medio del caos de los últimos días, la alcaldesa Estrella Palacios decidió pintar de blanco la oficina de presidencia para que armonizara con su estilo personal. Se cubrió la madera histórica con capas de pintura pálida, borrando no sólo el color, sino también el carácter institucional del recinto. Retiró cuadros históricos —incluido el del Padre de la Independencia— para colocar su propia fotografía enmarcada. La transformación no fue simbólica, fue personal: un reflejo de prioridades fuera de toda proporción. Mientras afuera se escuchaban detonaciones, adentro se ajustaban detalles estéticos frente al espejo.
¿Terrorismo en Sinaloa ? El gobierno evita esa palabra como si al pronunciarla invocara un mal mayor. Pero la ciudadanía, harta, ya no necesita eufemismos. Llama a las cosas por su nombre. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum, el gobernador Rubén Rocha y la alcaldesa Estrella Palacios evitan las palabras incómodas, los sinaloenses enfrentan una realidad que no se puede maquillar con comunicados.
Hoy, ya no son prioridad las elecciones, ni los errores administrativos, ni siquiera la política de escaparate. La prioridad es sobrevivir. Y eso, en sí mismo, es una tragedia que no admite aplazamientos.
