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Filosofía marismeña

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SOMBRAS 

MDH Ramón Larrañaga Torróntegui

Existe ¿Algo que lo hace sentirce mal y, que ya no debería importarle? Pasado. Uno en que le pueda decir adiós y deje en atormentar. Todos lo transitamos en alguna ocasión. Una cosa es tropezar dos veces con la misma piedra y otra muy distinta es encariñarse con la piedra y seguir golpeándola tratando en mitigar el dolor una tras otra. A la gran mayoría nos satisface el hacerlo aunque resulte un tanto insensato amar a una persona que nos hace la vida de cuadritos y, sus actitudes dañan. Hay miedo en dejarla y, se continua tratándola como si el cariño entregado se congratulada a una persona que nos ama o, nos valora. He ahí lo viciosa de la relación sentimental, lo insensato a lo que los masoquistas le llaman amor.

La incongruencia ¿Caer una y otra vez en el mismo error? Es difícil hablar abiertamente de esto, por aquello de las suspicacias que significa el reconocer que se está pegado de tal forma a cierta situación sentimental que incluso después en dejarla por un tiempo en el baúl de los recuerdos, regresa su pasado y se engaña pretendiendo estar viviendo un amor que no la valora y las emociones intentan vivir en él como si el pasado no existiera.

Existe el dicho de que el tiempo lo cura todo o simplemente este sirve para justificar el desear tropezar con la misma piedra. Está demostrado que los sentimientos tienden a timar y, ver malo como aceptable. Hay personas que no se salen de una cuando está en otra sin lograr superar los rencores anteriores. No se dan el tiempo en acomodar equilibradamente sus sentimientos fallando entre lo que dice con lo que se hace.

Vivir este tipo de sin sabores masoquista es estar en constante sufrimiento, es un mal desde la misma raíz sentimental, desconociendo lo que realmente busca en estabilidad sentimental. De manera personal, considero que existe tiempo y momento para afrontar los propios sentimientos sin miedo para que no terminen por timarnos o vernos la cara y tengamos que buscar justificarnos aceptándonos en lo que somos. El pasado; es cierto duele pero también produce placer al recordarlo y depende mucho en el ¿cómo nos fue en la fiesta?

Es probable que al mirar a su alrededor, todo esté bien y, sin embargo sienta una profunda tristeza que le invada al recordar lo que fue y ya no será jamás, como también es probable la melancolía la llene de culpa porque es duro reconocer que si algo no funciono tenemos responsabilidad compartida. De lo que debemos estar conscientes es que si la tristeza se vuelve compañera inseparable en los sentimientos, nos está alertando en que estamos fallando de la peor manera en ser felices sin importar la persona con la que estemos. Los resentimientos son malos consejeros, complican la existencia, marcan caminos que no son aptos para transitar.- No, es sano culpar a otro, ni tacharlo en egoísta valorando de la mejor manera el tiempo, espacio entregado, reflexionando en que no prospero como lo deseábamos.

Es muy duro vivir en el vaivén de las emociones no aterrizadas adecuadamente, se pierde la convivencia sana, produce tristeza y enferma al espíritu. Esto sucede cuando dos espíritus no son compatibles y a base de convivencia permanente se quiere hacerlos coincidir en sentimientos. Para que dos almas se amen, deben entenderse, es la llave de la felicidad. La reconciliación se logra por el equilibrio latente encontrado en ambas.

Dos almas incompatibles son irreconciliables desde un principio de la relación y van surgiendo los problemas conforme se encuentren más tiempo cerca, además van cerrando puertas creyendo que eso los librara de una sana convivencia, pero eso está lejos de la realidad cuando deciden compartir su relación mutuamente. Siendo amigos deciden por comodidad u otra causa hacerse pareja sin ser compatibles, en ese instante se clavan el puñal de la herida por la que se desangraran la poca simpatía acumulada y conforme pase el tiempo se irá haciendo supurosa envenenando su sangre o, asfixiarlos. Una herida siempre abierta, lacerante, latente que ni el llanto podrán amortiguar ese dolor. Los impulsos se tornan violentos sin razón aparente, se quiere salir, estar lejos. Todo nace en la elección al no darnos cuenta si las almas son incompatibles.

Regresar la nostalgia es “Masoquismo” El miedo a la soledad, el afrontar con madurez los deseos insatisfechos, el destino sentimental que no logra arrancar de aquello que no puede ser, al no significa equilibrio emocional sino placer sin control. Es por ello que si el alma seleccionada no es adecuada a la suya por más amigo (a) que sea y nos haga reír es mejor quitarse, meter candado para que la relación no se dé.

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