La tragedia del incendio en el casino Tropicana, en Culiacán, dejó una historia que duele: la de Ana Cristina, una joven de apenas 31 años que perdió la vida tras quedar atrapada entre el humo y el fuego.
Ana era trabajadora del lugar. Aquella tarde del lunes 4 de mayo, mientras cumplía con su jornada laboral, el caos se desató dentro del establecimiento. Un incendio, presuntamente provocado, llenó rápidamente el casino de humo negro, dificultando la visibilidad y la salida de quienes se encontraban dentro.
Mientras decenas de personas lograron evacuar, Ana no corrió con la misma suerte.
De acuerdo con los reportes, fue localizada inconsciente dentro del inmueble, tras varios minutos de búsqueda entre las llamas. Había inhalado grandes cantidades de humo y presentaba quemaduras, además de un golpe en la cabeza.
Paramédicos lograron sacarla con vida y trasladarla de emergencia a un hospital, pero su estado era crítico. Minutos después de ingresar, su cuerpo no resistió.
Ana vivía en el sector Infonavit Cañadas y, como muchas personas, había salido a trabajar sin imaginar que no volvería a casa.
Su muerte no solo se suma a una cifra más en medio de la violencia que golpea a la ciudad. Es la pérdida de una vida joven, de una historia interrumpida en cuestión de minutos, en un lugar que ya había sido escenario de otros ataques.
Hoy, su nombre resuena entre el dolor de familiares, amigos y compañeros, y se convierte en el rostro humano detrás de una tragedia que sigue bajo investigación.
