El Edén que se perdió
Por Alejandro Gallardo
El título podría parecer una metáfora lejana, pero no lo es. Describe con crudeza la transformación de un estado el de aquel “peje lagarto” que alguna vez fue un Edén, y que hoy vive el calvario de sus habitantes, víctimas de un crimen organizado que se enquistó con la complacencia de sus autoridades.
Tabasco, como muchos otros estados de la república, ha sido rebasado por el crimen. La capacidad del Estado entendido como la máxima figura garante de la seguridad y la convivencia social se ha desdibujado.
Este fenómeno no es exclusivo. Es el común denominador en amplias regiones del país. Lo vivimos en Sinaloa, donde padecimos diez meses de enfrentamientos entre facciones del narcotráfico. Y lo vemos en nuestra patria chica, Mazatlán, donde la ausencia de autoridad es cada vez más evidente y preocupante.
Aquí, en Mazatlán, llegamos a creer propios y extraños, que era un lugar donde incluso el más pobre se sentía millonario. Pero ante la realidad actual, quizás hasta el propio José Alfredo Jiménez se habría retractado de escribir ese corrido.
La crisis de seguridad se profundiza en todo el país, y la enfrentamos con el peor gobierno posible: uno que ni siquiera tiene la valentía de reconocer el problema.
En Mazatlán tenemos una presidenta municipal que vive en un mundo ajeno al de los ciudadanos de a pie. Le interesa su imagen, la foto “a doc”, el espejismo publicitario. Pero detrás del escaparate no hay realidades, ni resultados, ni disposición a aceptar críticas.
El juicio ciudadano ya fue emitido: le han retirado el beneficio de la duda. Se le percibe como una presidenta que no está en sintonía con los problemas ni comprometida con la búsqueda de soluciones.
Sus propagandistas, lejos de admitir el fracaso, hostigan a la prensa. Presionan a periodistas críticos e incluso a empresas para que les retiren contratos. Es un exceso inadmisible, cuyos autores están, en buena parte, en Comunicación Social y en la Secretaría de Presidencia.
¿Fanatismo? ¿Línea dura? Sea como sea, nadie en el poder local había llegado tan lejos.
Y si de deslindes se trata, habrá que ver si la alcaldesa Estrella Palacios está dispuesta a aplicar mano dura a funcionarios impuestos que solo generan problemas: Moisés Ríos, Secretario el Ayuntamiento; Fernando Arbamo, Oficial Mayor; y el tesorero, conocido como el “Fay”. Todos, cercanos a Renato Palacios, su padre y operador político.
Ese es el Edén mazatleco que se transformó en un calvario. Y no solo para los ciudadanos, también para el propio proyecto de la alcaldesa.
¿Hay tiempo para corregir el rumbo? Poco, pero aún lo hay.
Falta voluntad. Voluntad de gobernar sin dejarse llevar por los susurros convenencieros de asesores que no aportan nada, que solo construyen un proyecto sucesorio que no le pertenece.
Que no le vendan la idea de que puede aparecer en la boleta del 2027, y menos aún como candidata a la gubernatura, cuando en su propia ciudad no la ven ni siquiera como una buena alcaldesa.
Por lo pronto, eso es lo que hay.
