Las devastadoras inundaciones ocurridas el pasado 4 de julio en Texas han dejado al menos 95 personas muertas y un número aún indeterminado de desaparecidos. El condado de Kerr ha sido el más afectado, con más de 70 fallecimientos, entre ellos los de 27 niñas que se encontraban en un campamento de verano ubicado a orillas del río Guadalupe, el cual se desbordó por las intensas lluvias.
Una de las primeras víctimas identificadas fue Janie Hunt, una niña de 9 años, con cabello rubio y ojos azules. Era bisnieta del multimillonario William Herbert Hunt, miembro de una influyente familia texana. Su fallecimiento fue confirmado luego de que su madre pidiera oraciones públicamente. Familiares como Tavia Hunt han expresado su dolor en redes sociales, afirmando que, pese a la pérdida, mantienen la fe.
Otra víctima del campamento fue Sarah Marsh, de ocho años, originaria de Alabama. Su muerte causó conmoción en su comunidad, donde el alcalde lamentó la pérdida como una tragedia compartida. Su abuela también expresó el profundo dolor familiar, asegurando que siempre recordarán a la niña como un “rayo de luz”.
El dueño del campamento, Dick Eastland, murió al intentar rescatar a las niñas atrapadas. Su nieto, George Eastland, lo describió como un hombre valiente, bondadoso y profundamente comprometido con su familia. A través de un emotivo mensaje, destacó que su abuelo enfrentaba una lucha contra el cáncer y que murió como un héroe, tratando de salvar a quienes estaban bajo su cuidado.
Entre las historias más desgarradoras está la de Brooke y Blair Harber, dos hermanas de 11 y 13 años, cuyos cuerpos fueron hallados tomados de la mano, 24 kilómetros río abajo. Las niñas, originarias de Dallas, pasaban las vacaciones con sus abuelos, quienes siguen desaparecidos. Su tía, Jennifer Harber, narró que horas antes de la tragedia, Brooke envió un mensaje de despedida: “Te amo”, dejando un testimonio conmovedor del amor y la fe que las unía como familia.
