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Mazatlán

Filosofía marismeña

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EGO

MDH Ramón Larrañaga Torróntegui

En la niñez, nuestros padres fomentan la idea en que somos hermosos, pero la situación cambia al llegar a la juventud donde se topa con pared y el castillo en donde éramos reyes (as) de repente se cayó y, nadie nos reconoce como tal, ni el mismo espejo es capaz en contestar la interrogante. Inicia el buscar una nueva alegría que examine lo que el viento se llevo.

Claro que nos gusta vernos superiores y no solo en lo físico, sino en lo material, intelectual ser considerados como seres de ideas profundas. Nos gusta estar comparándonos, juzgándonos en todo. Esta sensación es una forma en que el temor nos lleva hacerlo frecuentemente en busca de fortalecer la debilidad en creer ser pequeño ante los logros de otro o ser feo, simpático. Mirar al espejo y elogiarnos en que no hay nada mejor que yo, es una buena terapia. Nadie ha dicho que el ego no es saludable y que en todos se manifiesta en diferente manera o circunstancia, lo que se ve, no se dice.

Es parte de la niñez la cual disfrutamos en alabanzas, el problema se genera cuando dejamos atrás a la niñez y seguimos pegados en esa posición. El pretender que somos superiores, brillantes, merecedores de halagos es una apreciación personal que se puede convertir en generosa cuando los que conviven con nosotros así lo observan y si no es vituperio. Se nace hermoso ante los ojos de cualquier adulto, es cuestión de ir puliendo el talento, la habilidad social, ser correcto, apropiado en las circunstancias para ser bien recibidos, viendo la gratitud social como una razón en el ser que eleve el espíritu y se esté dispuesto a sacrificar la vanidad.

Todos somos egoísta, por eso el controlar este comportamiento es esencial. Los años nos van cambiando, sin darnos cuenta, nos muestran la forma en que fuimos enfocando la vida y lo que sabemos lo adquirimos en ese camino. Todo es importante, se gana se pierde, se comprende, se es sincero, engañoso pero cada decisión tiene una razón que fue clave en aquel momento. El amor desinteresado es a cambio de sacrificar el egoísmo, es un proceso que pocos logran.

 Por no ser agradable y si muy demandante. No es algo que se puede ver pero su acción la comprende todo el mundo, está dentro de nosotros, en medio de las decisiones el carácter, viene de lo que recibimos y permanece en nosotros latente por toda la vida. El ego cambia el comportamiento adecuado, proviene del interior. Es un poder que no podemos controlar o cambiar, lo consideramos necesario. Crece cuando niño, y desde ahí, se queda con nosotros, solo ocupa ser despertado en cada acción, siempre disponible.

Todo ser humano es especial con talento o sin el mismo, la vida es un don en la que se debe trabajar contantemente por una causa, un poder espiritual que genere ganancias, no reclamos, malos entendidos, que otras personas sepan que cuentan con uno, que cuanto menos tenemos más damos y que ese es el camino trazado en el recorrido te llevamos. Es difícil estudiarse a uno mismo para intentar ser humilde porque el comprender que no eres nada o menos que cualquiera  es una cualidad no apreciada en la actualidad. Las pruebas de la vida son frecuentes, se lucha en espacios y se abandona en otros la posición desgastante pero es ser idealista, espiritual, es la humildad sobre las cosas que dejan en desearse, sin culpas, juicios erróneos, sino la gracia en la dimensión enraizada en ser mejor persona.

Construir la vida desde la humildad no es nada fácil, la niñez nos lo impide en el recuerdo del niño hermoso, esa imagen que nos engaña y al mismo tiempo nos hace sentirnos soñados. Nos vamos moviendo al desarrollarnos y el terreno es diferente, ya no es tan solida la imagen ni es alabada haciendo sentir que morimos, nadie da igualmente la caricia pesar el poder que pretendemos poseer. Murió lo anterior, el ego debe cambiar, volver a ser ese alguien desde una historia diferente, con necesidades imperfectas que nos ayuden allanar el camino para sentirnos importantes.

El ego puede retorcerse en cualquier forma que quiera y juzgar que es real. Todavía podemos ser nada especial es una prenda espiritual que el ego pasará cuando no se vea nada. Sin embargo, puede estar listo para observar el ego en el trabajo, para darse cuenta de lo que se siente cuando se compara a sí mismo, se pone arriba o abajo de una persona.

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