El exceso de velocidad habría sido el factor determinante en el trágico descarrilamiento del Tren Interoceánico ocurrido el pasado 28 de diciembre, reveló la Fiscalía General de la República (FGR), tras analizar los peritajes técnicos y la llamada “caja negra” de la unidad.
De acuerdo con la investigación, el tren circulaba a 65 km/h en una zona con límite de 50, y durante gran parte del recorrido alcanzó velocidades aún más alarmantes: hasta 150 km/h en tramos donde el máximo permitido era de 70.
Los peritos descartaron fallas en la infraestructura ferroviaria —rieles, balasto y terraplenes— así como en los sistemas del tren, incluidos frenos y acoples. La unidad, señalaron, se encontraba en condiciones operativas adecuadas.
Con estos hallazgos, la FGR confirmó que se procederá legalmente por homicidio y lesiones culposas, al establecerse que la velocidad excesiva fue el elemento crítico que derivó en el accidente.
La investigación contó con especialistas de distintas disciplinas y refuerza una conclusión contundente: no fue una falla mecánica, sino una conducción fuera de norma lo que provocó la tragedia.
