Entre el paso del tiempo y el olvido, descansan los restos de Antonio Toledo Corro, Rigoberto Lewis y Héctor Díaz Valdés.
Entre tumbas olvidadas, algunas con hasta 100 años de antigüedad, el panteón municipal número 3, ubicado en la colonia Esperanza, alberga los restos de sinaloenses que trascendieron en la historia y dejaron huella en el puerto, pero que, con el paso del tiempo, han quedado en el olvido, incluso para quienes alguna vez los aplaudieron.
A un costado del pasillo principal descansan los restos del exgobernador de Sinaloa, Antonio Toledo Corro, quien también fue diputado federal y secretario de la Reforma Agraria. Aunque nació en Escuinapa, pasó parte de su vida en Mazatlán, donde acostumbraba visitar sus sitios predilectos para comer, asistir a eventos públicos y disfrutar de los juegos de béisbol.
Los creadores de carnavales, Rigoberto Lewis Rodríguez y Héctor Díaz Valdés, también comparten morada en el panteón municipal número 3. Este último dirigió durante dos décadas la máxima fiesta del puerto y llevó al triunfo a Libia Zulema López Montemayor en el certamen de belleza Señorita México, en 1970.
En el lugar también se encuentra la tumba del Ferrocarrilero Desconocido, cuya figura, representada de pie, muestra los estragos del paso del tiempo y el abandono.
Durante una visita al camposanto, el político Fernando Pucheta Sánchez lamentó que personajes que en su momento tuvieron gran relevancia, como Héctor Díaz Valdés, permanezcan ahora en el olvido, con tumbas deterioradas y, posiblemente, sin nadie que acuda a visitarlos.
Dejó para la reflexión una frase: la muerte llega solamente cuando aparece el olvido. Con ello, hizo un llamado a mantener viva la tradición de visitar a los difuntos en sus tumbas y transmitirla a las nuevas generaciones, para preservar la memoria y la historia de aquellos personajes que dejaron un legado importante en Mazatlán.
