INCOGNITA
MDH Ramón Larrañaga Torróntegui
El destino es más grande que la expectación, todos soñamos con él, encontrar el camino para realizarlo. Lo vas eligiendo, te arranca la voluntad entre criticas o aplausos y al final con la edad encima se da uno cuenta que lo que era en un principio de insatisfacción, lo es ahora y siempre, sorprende menté con el mismo espíritu inquieto que no deja de exigir poniendo en su lugar lo que consideras no fue urgente, lo sobrado y lo que hace falta. Hiciste lo que consideraste y en su momento llegaste en algunas acciones al arrepentimiento pero lo hecho, hecho estaba, quisas por considerar que no estaba bien hecho o remordimiento.
Es mucho lo que la vida nos exige para llegar con paz al final y no todo mundo cuenta con esta fortaleza al valorar con justicia su camino pero ya no hay tiempo ni fuerza para corregir aquello que quedo atrás, aunque se desee el hacerlo. Eres joven y paras en soñar que el mundo te espera y reserva la gloria para tu paso por el mismo, es un buen engaño el cual con los años se va esfumando, te va dejando desnuda la mente ante el escaso compromiso en el que vagas, en la oscuridad que los rodea, la neblina que no se disipa, la imaginación corta con la que has dotado la percepción y su oportunidad. La vida exige de todo dependiendo de la circunstancia en la que estemos, el tiempo en como sea aprovechado o, lo dejemos pasar pensando que ya regresara mañana para enfrentar un futuro mejor.
Cuando niño, gustaba de huir al monte y en su soledad pensar en que jamás admitiría ser un fracasado en nada. De joven continúe construyéndome, guardando lo que aprendía para usarlo más adelante. La escuela, los amigos y el silencio me dejo más incógnitas que respuestas, pero recibí mucho más de lo que merecía. De noche contemplaba las estrellas sintiéndome una de ellas, era ese espacio de fuga y reencuentro espiritual en el que los sueños están a la mano y no brota el miedo al pretender incursionar en los espacios que la vida va reservando.
Al mirar atrás y comprendo que soy el arquitecto de mi propio destino, en donde me entregaron amor. La gratitud y lealtad ha sido parte de mi formación. Los años se encargaron en hacer lo que soy y no encuentro él como agradecer a la vida y a los amigos los gestos que me han regalado. Siempre le busque sentido a la vida y aunque no fui un ser realizado seguí mis sueños, disfrute las frustraciones, lo malogrado en ese intento por ser mejor persona, siempre un eterno insatisfecho, dotado de un espíritu privado de calma, consciente de lo que hacía y sus consecuencias. Un tipo descontento consigo mismo, que era y no era. Disfrute mis mejores años en lo que podía, deje recuerdos en los que me apreciaron, di todo y agradezco lo recibido sin saber si es justo o no.
Los años pasan y el convencimiento va despareciendo tornándose en frustración, en camino incierto, barreras infranqueables, el mundo que rompe todo buen oficio y el iluso creyente se va quedando solo con esas fantasías en su cabeza. El joven desea vivir el momento, el viejo de prisa aprovechar lo que le quede, ambos rompen sus silencio, uno queriéndose comer el mundo, el otro renegando agotado de esa vida que no se sentó a esperarlo, las personas que amo se han marchado en diferentes formas y circunstancias. El protagonismo del joven se esfumo y cae sobre su cabeza con la frustración el hubiera.
El problema está en cada uno de nosotros, la vida no nos engaña, quizás esperamos más de lo que merecemos y terminamos sin afecto en la balanza final de aquellos que confiaron sin contar con una garantía en lograríamos desarrollarnos. Ya no somos de su gusto, nos quieren fuera de su vida. Es raro, construimos en el aire pensando nadie lo notaria en un entorno difícil convencidos que la única realidad éramos nosotros los capaces en generar ecos en la vida de los demás. Ecos que dejaron de escuchar y ni el silencio los quiere reproducir.
Hay un tiempo en el que sientes estas realizado al conseguir el primer trabajo, luego sufres al darte cuenta de sus conflictos y exclamas esto no es vida después de unos cuantos años. El lugar se vuelve incomodo, la gente conflictiva, el sitio inhóspito, lo contrario a lo deseado. La molestia causa exclamación de incomodidad y sales forzado por los mismos que ocasionan el problema. Buscas otro pero difícilmente encontraras uno diferente e3n donde exista tranquilidad. Tengo el merito en haber llegado a la edad a la cual miles no alcanzan, en lo que no elegí, se me regalo y lo que no esperaba me fue dado sin condiciones.
