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Mazatlán

Filosofía marismeña

Fecha:

CONFESAR

MDH Ramón Larrañaga Torróntegui

Hoy es un día como cualquiera y me hace sospechar que el alma está dispuesta a sacar esta confesión. Estamos tan acostumbrados a ocultar las cosas que hace sospechar se lleva una doble intención en la mayoría o quizás desea recompensar el engaño el cual le hace sentir culpable. No siempre se está en la mejor disposición en sacar la verdad, es allí en donde la mente se pone en blanco y la lengua muda por miedo a expulsar un sentimiento que lastime a quien se ama. La vida es real, clara, honesta, única, con sentido de pertenecía. Se vive el momento, el pasado, el futuro y se intenta aclarar toda duda existencial.

 La convivencia está plagada de frases hechas que son útiles puesto que la inteligencia es floja para construir nuevas expresiones. Así es la vida, un estilo para expresar, un color para pintar lo que creemos somos, una visión, nuestra revelación discurrida por nosotros mismos conscientes o inconscientemente. Su diferencia está en cómo vemos nuestro mundo, en la expresión adquirida, el secreto guardado, lo que abandonamos para escapar. Ver un mundo compartido que se multiplica conforme se cuenta con mayores recursos se va ampliando por caminos desconocidos, disposiciones que asumimos saliendo de la generalidad.

Ser franco, hablar con la verdad es una exigencia, sin embargo la existencia alerta en no hacerlo para evitar confrontar, obstaculizar las buenas relaciones y se prefiere mentir para mantener un estado equilibrado en el cual no se pierda la satisfacción inmediata y esta perdure a costa de renunciar a la verdad. Es arriesgado mentir puesto que puede alcanzarle y lo construido se devasta en una conversación mal recordada en donde se debe ser muy puntual en los detalles por eso se exige elegir hablar con la verdad aunque esta duela.

Las yemas de mis dedos sirven para expresar los sentimientos que brotan del alma, esas mismas yemas que un día saludaron por primera vez otras manos, se fueron conociendo, amándose y caminaron por las calles en señal de cariño, relación, entendimiento, atracción o necesidad en unificarse en un solo cuerpo. Las yemas de esos dedos renuncian al secreto en lo que saben y no desean olvidar el estar presentes sin tratar en engañar lo que se quiere plasmar en realidad. Las yemas de los dedos enseñan primero saludar, luego a querer y, después  amarte.

Vas recogiendo uno a uno los aromas de su ser y, guardando ese tesoro atándolos al alma sin dañar desde la mirada posesiva, la confusión en un juego de poder. Al mirar las fotos despiertan inquietud al observar lo desgastante  que son los años. La foto despierta un sentimiento de ternura desordenado el cual permite sacar del jarrón de los recuerdos aquella mirada tierna, el caminar abrazado uno al lado del otro, lo que fuimos y en lo que termino. Las desavenencias provocan grietas que consiguen desconfiemos el uno en otro, levantando muros, tumbando puentes, alejando sentimientos difíciles de penetrar para extraños. Tiempos de fácil entendimiento, otros sin nada que decir.

Mentiras abrazos dejarnos caer sobre la cama y saciar la sed del amor quitando la careta. Esa es la vida que el tiempo nos obsequio, la que alimentamos con amor, succionamos a saciar respetándonos, buscar no dañar con amor de verdad incondicional como solo el que ama sabe entregar. Lejos quedan los sin escrúpulos, los que dañan y envejecen solos con su alma vacía, a los que se les ofreció  el amor y no supieron entregarlo. Aquellos que miraban con miedo acercarse al amor y llenaban en desconfianza la relación.

Viven en el olvido sin nada que ofrecer, se le fueron pasando los años y no hay nada que esperar. El amor enseña que el mejor regalo es un día más a su lado para sentirse bien, ser feliz con lo que el tiempo y la vida le ha dado puesto que atravesó desiertos, llanuras con sed, se puso nervioso muchas de la veces cuando se entregaba y esperaba descubriera lo mejor. Recordar a otra persona y tener la intención en ir a buscarla no es correcto al detener la ilusión con la que los ojos de quien nos ama observa. A ella le debemos el disfrute, detalle.

Es popular mentir para no dañar, pero es ilusorio el creer que no caerá por su propio peso al no estar fundamentada firmemente por lo tanto es deseable hablar con la verdad y asumir su costo quedando satisfecha el alma. La mentira no permitirá se viva tranquilamente. No se trata en renunciar a contar mentiras por el contrario ser moderado y analizar si es necesaria para vivir conciliado.  La pareja puede vivir y ser feliz sin conocer cierta verdad, es entonces cuando ocultar es prudente.

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