Filosofía marismeña

BELLEZA JUVENIL

MDH Ramón Larrañaga Torróntegui

La suerte de la fea, la bonita la desea. A todos les gustaría ser amado, echar de ver el amor, sentirlo, disfrutarlo. A nadie saborear lágrimas amargas. Ninguno desea llevar una relación que huele mal y, se alcance a odiar. Se auto justifica en que no hay mujer fea y se debe a que ella misma aprende apreciarse, comprende lo agradable en sus facciones pero, se ama a sí misma. La cara y cuerpo bonito frecuentemente es voluble, exige, no está preparada en aceptar rechazo. No es agradecida con quien le da, aprende a no hacerlo, estira la mano y acuden solícitos. Es joven exigente al seleccionar, investiga sea perfecto, a la mayoría le encuentra defectos. Reclama cariño, cuidados, atenciones.- Se considera soñada y todo lo que relacione se otorga por su belleza física. Se siente afortunada, el mundo se mueve en razón de sus caprichos, es capaz en dirigir su mundo de fantasía. Su amor no es serio.

El tiempo y hormonas se encargaran en hacerle saber que aquellas cosas a las que no le dio importancia en su relación se lo demandara, que el que en vanidad vive, acaba no tan bien. Con su cambio hormonal, dejan en atenderla, se va apagando se esfuma y su confianza reniega en ratos de su baja autoestima. El círculo halagador, parte dejándola en la confusión de su ego.

Al ser humano le gusta que lo quieran en lo que siente, aprende aceptar la derrota sentimental, se entrega a prisa, se enoja en el desencanto, se amarga al fracasar, aprende en cosas de amor a no ahogarse en un charco y, termina por tragarse el coraje intuyendo que no puede controlar a la otra persona al darse cuenta que sus sentimientos son volátiles, su visión de vida en pretenciosa y, poco sensata.

Cuando un  joven ya dentro de una relación es rechazado, se da cuenta que no lo quieren y, no le importa. El rompimiento genera un estado de derrota en ambos, el uno llamándola diversión y el otro exponiendo los motivos, el uno demostrando que si la amo y el otro que no lo entendió. No se puede ir por la vida declarando que se es honesto si los actos lo delatan. Solo un segado no se da cuenta de la clase de persona que se escoge para entregar su amor. A veces se sabe engañada al iniciarla pero el tiempo expone con claridad lo que se es en lo profundo. El uno expresa que ama desde el alma y apuesta sus esperanzas en lograr ser amado.

 El engaño es el creer que la belleza juvenil es eterna. Cualquier persona sensata la entiende por ello cuando los años hacen estragos nadie es capaz en aguantar desplantes al verse reflejado ante el espejo de la vida la ignorancia acumulada, el intelecto vacío, es algo a lo que no se le parece. Ante el daño hormonal en lo físico se queda con la vanidad, egocentrismo pretendiendo que el mundo la ama, son felices con ella y precipita frustraciones. La belleza juvenil tiene un valor agotable, el tiempo se encarga en hacérselo saber. Le enseñara  lo precipitado en sus decisiones anteriores en el cómo vive y quienes la siguen. Todo desaparece gradualmente por más que se insista, hasta la chispa en sus ojos.

Muy por el contrario, una mujer no muy atractiva cuando es tomada de la mano, no deja pasar el instante, se encuentra en ese lugar, lo disfruta, responde a la caricia, está preparada para encontrar el amor de su vida, se deja conocer sin miedo a ser comparada. Aprecia lo que sienten por ella, es agradecida, honesta, amable con todos, respetuosa, valora sus sentimientos y, dedica su tiempo a prepararse intelectualmente. Está contenta con lo que tiene y, la respeten. Es dada a confesar sus sentimientos por la persona, si realmente lo extraña, no lo busca guapo o, con dinero, sino atento, cariñoso, alguien dispuesto a compartir su felicidad. En cuanto a opciones, la belleza física la supera en oportunidades, es asediada sin importar sentimientos, derrotas amorosas y, tenga pocos sesos.

El atractivo juvenil ego centrista: No siente amor, ni lo considera necesario, exige sea atendida en sus decisiones, lo demás es error. No sufre, ni preocupa el odio que se pueda desatar. Se libera a si misma de sentimientos, frecuentemente no aprende a controlar su vanidad, dando contra la pared cualquier tipo de relación. Se concentra en lo que ella ocupa, llamar la atención, señalar lo que ambiciona, imponerse sobre el deseo ajeno, es dura en palabras, pero que no es capaz en luchar por si sola utilizando su atractivo para manipular. Permite la amen, cuando así lo considera necesario como un favor en su beneficio.

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