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Filosofía marismeña

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RAZÓN DE VIVIR

MDH Ramón Larrañaga Torróntegui 

Un buen día se levanta sin ganas de nada y todo lo percibe gris. Lo que menos espera es ser molestado. No anda bien, y no encuentra el remedio. Se consuela con que el cuerpo ya no es el mismo y, empieza a dar problemas de cansancio pero su mente dice: Hay que seguir adelante. Recibe esa bocanada de aire para que se transmita al interior y sea el aliciente que modifique su condición. Es el decaer o seguir adelante, mirar las cosas para alcanzarlas desde un punto de vista menos demandante por su estado físico.

 No es que este abandonándose simplemente está consciente de su capacidad. La plenitud es pasado, se siente bien o mal al verse no tan completo, cuesta mayor esfuerzo, el asimilar lecciones implican mayor concentración. Son los síntomas de un nuevo amanecer, un camino nuevo a recorrer el cual requiere plena atención. Físicamente no está muy bien pero intelectualmente tiene  todos los sentidos completos y sabe que hará lo posible para que su persona siga produciendo ideas porque es necesario el hacerlo y es una posición que el tiempo de vida lo lleva a ocupar.

Falta caminar el último tramo que se está acercando pero a pesar en sentirse mal comprende que existen muchos otros que están peor que usted, son débiles y su disposición actual no es la mejor. La razón es que cada uno despierta lo que lleva dentro, escucha su alma sin importar equivocarse. No todos cuentan con la voluntad y, se sientan a quejarse recién empiezan, los otros se arman de valor, son capaces en hacer infinidad de cosas.

La vida es un viaje y estamos de paso, el camino a recorrer es a través de generaciones venideras que nos conduzcan a la vida eterna, el cuerpo se gasta, es sustituido por otro y la memoria genética continua perfeccionándose. Muchas de las almas con las que nos toca compartir el espacio actual no alcanzan a valorar su camino y se conducen con ausencia de principios básicos viviendo afligidos, sin agilidad mental, propósito de vida. Son seres que marcan un camino que no terminan por reconocer mientras pocos van marcando hacia adelante su vida. Lo espiritual es raro en alcanzarse, es una hoja que la lleva el viento a través de los siglos y generaciones.

La visión nos empuja a ser mejores, seguir adelante en la formación sin importar dejar atrás los que se aparten del camino, es decisión personal, evolución, máxima en perfección para alcanzar la obra humana en el vivir con causa justa, esfuerzo aplicado, perdurar en los genes para que el próximo descendiente llegue dotado de conciencia. Parece ser que nacemos dotados de una conciencia, una memoria y la muerte no logra perderla y, lo que buscamos es recuperarla para seguir adelante perfeccionándola en nuestro tiempo para entregarla al que sigue.

Somos criaturas que coexistimos con otras. La belleza esta regada por todas partes desde el rostro de una persona. Lo feo brota desde la envidia, se mueve y participa activamente en el alma débil, juega con ella, la hace beber el amargo, la conduce por caminos oscuros disminuyendo cada día su vista, haciéndola rodar sobre el suelo como hoja seca, la envuelve por el resto de su vida en una realidad negra. La seca ingratamente para que cuando vuelva a la vida reinicie sin semilla preciosa. ¿Cómo? podemos vivir en relación con miles de seres que destruyen antes que construir, que no escuchan su conciencia y suspiran por una adaptación negativa en su entorno. Para crecer hay que comprender y responder sobre la importancia en ser mejor persona, estimular a otros enseñándolos a construir para que entiendan su marcha rítmica en la vida.

Mientras dedicaba parte del tiempo a dialogar con jóvenes me encantaba escuchar las diferentes formas de vista para analizar la vida. Nadie se sentía encadenado, era un espíritu juvenil libertario sacados del cofre del tesoro que cada persona guarda en esa etapa de la vida. La juventud marca un espíritu universal, establece inclusión, pluralismo, festivo, dinámico revelando la esencia humana. Canta y sufre mientras mira a sus amigos tratando en calmarlos.

Son el equilibrio de la presencia humana, la grandeza espiritual, la acción sin preocupación. La guerra nos ha acompañado para construir a pesar de otros y si no fuera por aquellos que ofrendaron su vida no podríamos detener actualmente a los que desean sujetar el espíritu del ser humano. La guerra ha sido necesaria, poco amigable para vencer el mal sin embargo su equilibrio no aterriza con la experiencia necesaria para comenzar el proceso humano de la separación y la reparación. Poder ayudarnos significa enfocarnos, concentrarnos, accionando y comenzar a calmar las aguas lentamente hasta que sean navegables con el corazón y la mente.

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