Por El Vigilante Marismeño
Hoy, en la sala de Cabildo del Palacio Municipal, el ambiente fue de todo menos ordinario. A las 10:10 de la mañana arrancó la sesión número 18 del Cabildo, pero la verdadera tensión estalló pasadas las 11:15, cuando la regidora Maribel Cholet Morán tomó la palabra. En ese momento, el silencio fue absoluto, y los rostros de los presentes —en especial el de la presidenta municipal Estrella Palacios Domínguez— empezaron a mostrar el peso de lo que estaba por venir.
La sala de Cabildo estaba llena, pero no de ciudadanos comunes. Cientos de servidores públicos fueron convocados de manera “espontánea” para ocupar todos los espacios. Dependencias como Planeación, Obras Públicas, Ingresos y el área Jurídica quedaron prácticamente sin atención al público porque su personal estaba allí, intentando llenar los asientos que debieron corresponder a los vecinos afectados de las colonias Francisco Labastida Ochoa y Los Laureles, quienes protestaban con pancartas y cartulinas desde la calle, reclamando el riesgo de inundaciones por el desvío del arroyo Jabalines. Afuera, el grito de “¡No más mentiras!” resonaba, mientras adentro, la voz de Maribel Cholet marcaba la pauta.
“Ciudadana Presidenta Municipal…” comenzó Cholet, en un discurso que fue todo menos tibio. Señaló con precisión quirúrgica lo que calificó como “decisiones arbitrarias e ilegales” de la administración municipal al intervenir el cauce natural del arroyo, dentro de un terreno privado, el pasado 29 de mayo, sin autorización de la CONAGUA, sin estudios técnicos y sin un solo dictamen de impacto ambiental. “Si no hubo compra, ni expropiación, ni indemnización alguna, entonces el Ayuntamiento invadió propiedad privada… y eso configura el delito de despojo”, sentenció, mientras levantaba un documento con pruebas de lo ocurrido.
La mirada de Estrella Palacios delató nerviosismo. Iba de un lado a otro, mientras apretaba los labios y levantaba el tono de voz para responder. Moisés Ríos Pérez, el Secretario del Ayuntamiento, parecía haberse encogido en su asiento; no cruzó palabra, no corrigió, no defendió, y en ningún momento intentó dar datos o respaldo a la presidenta. Los señalamientos eran tan directos que la alcaldesa solo atinó a repetir que “hay un proceso legal abierto y serán los jurídicos quienes den trámite a dicho proceso”. La evasiva fue evidente, y las preguntas de Cholet quedaron sin respuestas concretas.
La regidora fue contundente: preguntó cómo se pagarán las afectaciones a los terrenos de la familia López Somoza, por qué se negó ante un juez federal la ejecución de la obra cuando hay fotos, videos y hasta vigilancia municipal que lo prueba. “¿Con qué autoridad moral puede usted, Presidenta, ofrecer compensaciones económicas sin dictámenes técnicos, sin acuerdo de Cabildo y sin respaldo jurídico?”, lanzó, mientras la tensión en la sala se palpaba en el aire.
Palacios, nerviosa, volvió a lo mismo: “Este es un gobierno de la gente, con la frente en alto, que trabaja todos los días…”; pero su discurso sonaba vacío ante la contundencia de los señalamientos. En ese momento, Eduardo Murrieta, presente en la sala, levantó la voz: “¡Tengo un mensaje del dueño del predio afectado!”. La respuesta de la alcaldesa fue seca: “Tome asiento, por favor… al terminar la sesión lo atenderemos en mi despacho”.
Un Cabildo blindado y una respuesta insuficiente
Lo visto hoy en Cabildo es histórico. No solo por la firmeza con la que Maribel Cholet expuso el tema, sino porque dejó en evidencia lo que el Secretario del Ayuntamiento, Moisés Ríos Pérez, ya había declarado días atrás: que fue el Consejo Municipal de Protección Civil quien ordenó los trabajos de desazolve, una versión que ahora choca con la negación de la presidenta municipal en el juicio de amparo.
La sesión de Cabildo de hoy —y la forma en que Palacios evitó dar una respuesta clara— será clave en el proceso legal. Lo dicho y lo no dicho, el nerviosismo, las evasivas y la ausencia de respuestas concretas se convierten en una evidencia política y jurídica de que el municipio está en una situación complicada. Afuera, los colonos de Los Laureles y Labastida Ochoa saben que su lucha apenas empieza.
