ENTREVISTA por Silvia Castillo Romero
Guadalajara, Jalisco.- Silvia Michel es una comunicadora de larga trayectoria en el medio periodístico y cultural de Mazatlán, aunque fue en Guadalajara donde inició su carrera y formación profesional. Silvia es docente, poeta, promotora cultural, productora y guionista. Creó el programa Construcción de Comunidades Turísticas de Sinaloa y se ha orientado en la promoción del turismo sostenible. Desarrolla instalaciones videográficas donde mezcla la escultura, la poesía y tradiciones mexicas. Es coordinadora del Encuentro de Escritoras Sinaloenses. Ha publicado los poemarios: Cuatro contra el silencio, Salicornios, Fuego y silencio, Fiesta de paz y Diálogo con el fuego. Miembro de la Red de Educadores Ambientales de Sinaloa y Carta de la Tierra y Consejera del Instituto Municipal de Planeación de Mazatlán.
En esta entrevista presentamos un recorrido de su vida creativa, remontándonos hasta los inicios de su vocación y profesión, al mismo tiempo que descubrimos detalles de la vida cultural de Mazatlán que merecen ser registrados en el testimonio vivo de uno de sus personajes protagonistas de toda una época.
LA VOCACIÓN
SC: Silvia, ¿por qué decidiste estudiar Ciencias de la Comunicación?
SM: Pues mira, yo creo, que desde niña, no sé, sácale cuentas: Jacobo Zabludovsky, la guerra de Irán… salía en la televisión una corresponsal de nombre Erica Vexler; en Mazatlán había pocas opciones para ver televisión. Después de la barra cómica estaban las noticias y yo, desde niña, he visto las noticias. Ahí observaba a la corresponsal Erica Vexler, y jugaba a que estaba reporteando. En el patio de la casa corría de un lugar a otro, y decía que reportaba a Erica Vexler; es el recuerdo más lejano que tengo, estaba como en cuarto de primaria. Después, en la secundaria dije que quería ser aeromoza, y cuando me enteré de lo que hacían las aeromozas en los aviones (porque en ese entonces nunca me había subido) dije: “Ah, no, yo no puedo andar sirviendo en un avión”.
Después, en secundaria, quise ser bióloga. A mí siempre me ha gustado mucho la naturaleza, sembraba plantas, es una pasión que me heredó mi abuela. Caminaba con ella, nos robábamos plantas de los jardines o los famosos coditos… yo le heredé eso y la protección a los animales.
Estaba muy firme en que quería ser bióloga, bióloga marina, pero como desde niña tuve problemas de bronquitis, una amiga que sí estudió biología, y que todos sus hermanos son biólogos marinos, me dijo: “Oye Michel, pero para ser biólogo marino te van a poner un examen donde tienen que nadar mucho, tú no vas a alcanzar, te vas a ahogar”. Me predispuso y no sé por qué, porque yo era muy buena nadadora. Finalmente retomé la historia inicial: ser reportera, porque después ya quería ser conductora. En la secundaria yo conducía los honores. Siempre me gustó y los maestros me elegían por el tono de voz, la dicción, entonces dije: “No, pues, Comunicación”.
Así fue como llegué a comunicación, porque también era muy diversificada la carrera a lo que eran relaciones públicas, mercadotecnia, expresión oral, literatura, y siempre me he inclinado por la cultura, las artes.
Empecé a estudiar en la Ibero, pero era muy teórica y no me gustó. Regresé a Mazatlán, entré a estudiar a la UAS, pero tampoco era el perfil de carrera que yo leía que era, y terminé en la UNIVA, que igual fue la primera opción, en Guadalajara.
EL CHOQUE CULTURAL
SC: ¿Fue difícil mudarte, adaptarte a toda la dinámica?
SM: Si, yo pensaba que era muy fácil, me fui sola, hice examen, luego regresé sola, busqué casa de asistencia, dónde quedarme y todo; pero ya cuando estaba en Guadalajara comencé a notar la diferencia. Aunque no tanto al principio porque vivía en una casa de asistencia donde había mucha sinaloense y sonorense; pero cuando no viví más en esa casa, empecé a tener más convivencia con la gente de la universidad, por el tipo de carrera, porque además yo estaba en el taller de teatro y luego por las tardes me iba al Instituto Cultural Cabañas a estudiar teatro, con el maestro Félix Vargas.
Un día a la semana me iba a la XEW a grabar mitos y leyendas para la Hora Nacional, me pagaban cincuenta pesos y hacía voces para el segmento de mitos y leyendas. Entonces empecé a buscar gente afín a mí.
Sí fue difícil. Yo notaba que llegaba el viernes y no me invitaban. Había dos amigas que me podían invitar a su casa el fin de semana, me iba con ellas a hacer trabajo en equipo, pero como que la convivencia familiar era muy cerrada. No sé si a estas alturas ya cambió la historia, pero pues… yo me fui con la ropa que tenía de aquí, eran shorts, vestidos de licra… una vez me tuve que bajar del camión porque sentí cómo me estaban mirando y los hombres eran de: casi, casi, pasar y querer tocarte en el camión.
Recuerdo que me bajé, llegué a la casa de asistencia, lo platiqué, y me dicen: “es que creen que las de Mazatlán somos putas, todo mundo nos quiere agarrar o todo mundo piensa otras cosas, y bueno, pues aquí la gente, si te fijas, no viste esa ropa que tú traes”.
Empecé a observar que sí, el vestuario de mi compañera ya había cambiado, eran faldotas, eran sacos, eran los noventas… Me fui al tianguis de Santa Tere, un domingo, y empecé a comprar: mi primer saco, vestido, pantalón largo y así, comencé a cambiar mis outfits.
SC: Mi experiencia fue muy similar, llegué en el 95, 96. Hoy todo se vale, pero en su momento, también me tocó rehacer mis outfits.
SM: Fíjate que yo escuchaba un comentario entre las compañeras, entre ellas las jalisquillas: sí, muy recatadas ahí en la universidad, muy tapadas en la ciudad, pero llegaba el fin de semana y se iban a Acapulco, a Vallarta y decían que vivían la “vida loca”; decían: “estaba en las piernas de fulano…”, yo creo que fue un tiempo de cambio.
SC: ¿Nos tocó llegar, más o menos, en la misma época?
SM: No, yo llegué un poco antes, del 88 al 92.
SC: Creo que la historia de cada lugar determina sus dinámicas sociales.
SM: Si, por ejemplo, en Mazatlán, me siento invadida. Nosotros recién estamos viviendo esa apertura de la llegada de gente. Me siento invadida y me molesta que llegue tanta gente con otro tipo de cara, con otras costumbres y que se diga que son mazatlecos cuando yo veo que no, no son mazatlecos y hasta se molestan si les preguntas de dónde son. Entiendo esa marginación social que la gente regional le hace a la gente de fuera, pero creo que acá en Mazatlán somos más accesibles a esto.
EL REGRESO A MAZATLÁN
SC: Cuando vuelves a Mazatlán después de haberte formado aquí en Guadalajara, en la UNIVA, con todo lo que implicó la adaptación, los aprendizajes, ¿cómo percibes el puerto, cómo fue la integración a los medios de comunicación?
SM: Yo regreso buscando el mundo de la cultura, en ese entonces estaban remodelando el Teatro Ángela Peralta y estaba el primer Festival Cultural Sinaloa, en el gobierno de Labastida.
Llegué buscando esa gente, incorporándome, fue ahí donde conocí a Ricardo Urquijo, a Javier Chimaldi; incluso, llegando, Javier Chimaldi me invita al irme a una gira con “El animador”, dentro del Festival Sinaloa de las Artes y también regreso a trabajar, porque en vacaciones hice casting para el Canal 7 y me dijeron que me habían elegido para ser conductora. El pago era muy chiquito, pero bueno, dije: gano experiencia, y a trabajar, ¿no? Finalmente, yo traía mucha experiencia de allá de Guadalajara porque ya había escrito para el periódico, había estado en la radio. La UNIVA es una universidad muy práctica en medios de comunicación, había hecho teatro, entonces tenía muchas habilidades. Empiezo a integrarme en estos dos ámbitos, en el ámbito de los medios de comunicación, como reportera y después me integro a la actividad cultural del Mazatlán. Luego me voy a trabajar al TEC de Monterrey a dar clases y me quedo con la corresponsalía de TV Azteca, fui su primera corresponsal.
En televisión había aprendido bastante porque estuve al lado de Francisco Hernández, hicimos muchos trabajos, incluso cuando Francisco estaba, yo me encargaba de su corresponsalía. Después llegué al Museo de Arte y pues, siempre he dado clases y trabajado en las instituciones culturales.
LA LITERATURA
SC: ¿En qué momento comienzas con tu actividad literaria?
SM: Yo escribía desde los quince años. Según yo, escribía poesía. Hacía una revista para la secundaria, que era toda a mano, salía cada semana y hablaba de los compañeros de la universidad, pero aparte, le metía exhortaciones para vivir mejor, fragmentos de cuentos, poesía y me paraba en una silla porque los compañeros me decían: “Michel, léenos la revista, exhórtanos”.
Siempre estaban esperando con qué los iba a exhortar, porque cuando era maestra de ceremonias en los honores, el maestro David Salazar, que era nuestro asesor, me ponía al final una frase que decía: “Y los exhorto compañeros…”, etcétera, etcétera. Entonces, eso es lo que les llamaba más la atención, que les exhortara. Entonces yo creo que fue una palabra que descubrimos en la secundaria: Exhortar.
Incluso conservo mi diccionario. Antes de que existieran los celulares y Google, para buscar rápido el significado de una palabra, yo tenía un diccionario de bolsillo que siempre me acompañaba. Ese diccionario está desteñido, pero lo conservo como como recuerdo. Me subía en una silla y empezaba a leer, y no sé, yo creo que les daba consejos o se pitorreaban de mí, pero eso hacían.
En una ocasión, mi papá conoció a un maestro de la UAS y pues, los de Ciencias Sociales también hacían sus revistas, y mi papá en su inocencia, le dijo al maestro: “Mi hija escribe poesía”. Yo no sé cómo se dio cuenta que escribía poesía, me imagino que fue porque yo escribía en mi máquina Olivetti.
Entonces mi papá regresó y me dijo: “Dame unos poemas, porque te los van a publicar en una revista de la UAS”. Le di dos poemas. Hasta hace poco conservaba esa revista, porque mi papá me llevó un ejemplar. No me puedo acordar el nombre del maestro, pero sí lo conocí después.
SC: ¿Qué significó el apoyo de tu papá?
SM: Significó mucho porque mi papá es una persona muy inteligente, muy perspicaz. Ahorita ya tiene 80 años, pero mi papá tenía un cerebro muy vívido, todo lo solucionaba, no había cosa que no pudiera arreglar. Él estudió hasta tercero de primaria, pero aun así, siempre tuvo idea y conocimiento de todo.
Que se haya dado cuenta de que yo escribía, y proponerle mis textos a ese maestro de la UAS, habla del apoyo que siempre me dieron él y mi mamá, siempre me impulsaron en todo. Eso ha significado y significa: plenitud, libertad, crecimiento, porque a pesar de que tenían solamente primaria, ellos siempre trabajaron y se esforzaron porque sus hijos fueran más allá. No había cosa que yo quisiera estudiar, que mi mamá no me apoyara en sus posibilidades.
SC: ¿En qué momento decides publicar tu primer libro?
SM: Yo no lo decidí, lo decidió Nery Córdoba. Estaba integrada en el ámbito cultural, donde conozco a Julieta Montero, a María Muñiz, a Guadalupe Veneranda, a Roberto Pérez Rubio, Antonio Hass, Antonio López Sáenz, José Ángel Espinosa “Ferrusquilla”, Javier Chimaldi, Angelina Arias, Manuel Rochín, Mario Rojas, Ernesto Trejo, todas las personas que, en ese entonces, sostenían el ámbito cultural en Mazatlán. Me jacto de que me hice amiga de ellos y siempre me apoyaron.
Había recitales de poesía en el Museo Arqueológico y me invitaban a leer, porque además, yo, ya mandaba publicaciones a pequeñas revistas, a periódicos, iba a los talleres de Nino Gallegos, Juan José Rodríguez. Y un día Nery Córdoba, me pide unos poemas y hace esta publicación en coordinación con la UAS y el COBAES, que se llama: “Cuatro contra el silencio”, y nos invita a publicar poesía erótica, a Marcela González, a Julieta Montero, Guillermina Vázquez y a mí.
SC: ¿Qué sentiste cuando viste los ejemplares de tu libro y poder compartirlo?
SM: Mucha preocupación. Es un compromiso, yo siempre he sido muy crítica con mi trabajo. Pensaba si mis poemas estaban listos para ser publicados, y entonces, me doy cuenta de que, la gente ha tenido más fe que yo, en lo que hago. Yo soy como Forrest Gump, ese personaje, ¿te acuerdas?
Regresé a Mazatlán en 1992, y creo que me ha tocado estar en los principales momentos de la vida cultural mazatleca. Trabajaba en la televisión y se me ocurrió hacer teatro por televisión. Hacer segmentos de cultura, en el programa Punto de Partida con Francisco Hernández, Francisco me dejaba producir. Me decía: “Sí, haz lo que quieras”. O sea, como que Francisco le vio la zanca al pollo y dijo, “ella sí sabe”. A mí me tenían de prueba en el Canal 7, yo acompañaba a los reporteros, pero a la semana Juan Guizar me dijo: “Ya vete tú sola, tú ya sabes”, y me dio mis fuentes, que eran PROFECO, la Secretaría de Educación Pública, los sectores educativos, allá en el Palacio Federal, enfrente de la Plazuela donde siempre entrevistaba a la Maestra Socorro, hace poquito acaba de fallecer la maestra.
Siempre estaba haciendo reportajes, después hasta me volví reportera de cabecera de Antonio Hass, de Ricardo Urquijo, de León Loya, de Carlos Bueno, tenía 24 años. Ahora me doy cuenta de que me veían como niña, y como que podía ser su vocera, en las actividades que ellos hacían. Y era una reportera muy productiva. Siempre se me ha facilitado escribir. Me sentaba con una frase, en la televisión era muy rápido, había que escribir muy pronto porque había que salir al aire en dos horas. O escribía reportajes para toda la semana que tenían que ver con índole cultural… me tocó estar en momentos importantes: Cuando fue el último Festival, que vino Teresa de Labastida, Francisco Labastida. Yo me iba a cubrir con Francisco Hernández y él tenía “comal y metate” en todas las instituciones y con todas las personas, era un hombre que le caía muy bien a la gente, entonces para mí Francisco Hernández era mi mejor carta de presentación, porque me veían con él y después él me enviaba o solicitaban que yo fuera a cubrirles, incluso a conducirles eventos. No salía del CERESO, reporteando y conduciendo eventos.
Los compañeros reporteros llegaban y me daban carrilla: “Silvia, te mandaron saludos los reos del módulo 4”, que era donde tenían a los de más peligrosidad, en ese entonces.
Yo hacía reportajes muy intensos, tuve muy buenos maestros de periodismo, entonces yo era muy fiel a la fuente; también tuve muy buenos maestros de publicidad, de teatro. Hice una combinación de cosas. Por ejemplo, cada fecha especial, yo le daba personalidad al programa de punto de partida: 16 de septiembre, 20 de noviembre, día de muertos, Carnaval.
LA TELEVISIÓN
SC: Siempre estuviste entre dos mundos: lo informativo y lo cultural.
SM: Yo le empecé a dar personalidad al Canal 7. Comencé a grabar comerciales y cuando yo los producía, no era, como decía Braulio Benítez, que en paz descanse: Fachada, paneo y ya está. Porque así eran los comerciales de Canal 7, grababan dos, tres imágenes, la fachada del negocio y le ponían un letrerote al frente con el teléfono.
Ya agarraba a mis hermanos y amigos, de actores. Les decía: “dónde hay una casa donde ustedes hayan puesto una tina de baño y de estos azulejos, mosaicos”; en el primero que produje, salía mi hermana entrando a una tina de baño, cuando se veía el pie que entraba a la tina de baño, tiraba la toalla… estos fueron los primeros comerciales, que el Canal 7 comenzó de manera diferente.
En ese entonces, el gobernador de Sinaloa, creo que era Renato Vega, quería sacar el Mercado Pino Suárez al Mercado de Abastos. Entonces, algún empresario le encargó al gerente de la Televisora, un reportaje, para que vieran cómo era necesario ese mercado.
Como por una semana estuvimos yendo desde la madrugada a reportear y a grabar… a la mejor querían un reportajito de unos cinco minutos, ¡Nombre, yo me aventé un documental! Tipo “60 minutos”, porque, esa es otra, yo siempre quise trabajar al lado de periodistas como Juan Ruiz Healy, hacer periodismo de investigación. A mí me pagaban tres pesos, pero yo hacía siempre investigación profunda, con muchas fuentes, para hacer mis documentales.
Y ese reportaje se lo presentaron al Gobernador, y después el Gobernador ya quería que le hicieran informes y demás, pero decía: “que lo haga esa muchacha que habla como los reporteros de 60 minutos”.
Entonces siempre tenía mucha chamba porque había mucho trabajo que hacía gratis. Había una fundación que era del señor Raúl Romo y su esposa Paty de Romo, y ese reportaje que nosotros le hicimos, ahí en canal 7, era el que ellos usaban para bajar recursos y para conseguir apoyos. “Padres y Compadres”, también. Muchas instituciones nos pedían el apoyo… y Miguel Ángel Román que recién había llegado a Mazatlán, él era fotógrafo en ciudad de México, conoció al gerente y le dio chance de entrar, él también es muy creativo, que, por cierto, le van a dar el reconocimiento por esos treinta años de trayectoria en la fotografía periodística.
Es así como yo me comienzo a formar, pero tú me preguntaste qué sentía con lo del libro. Ese es un detalle que tengo, Silvia, que jamás, con todo lo que he hecho, y que ahora veo, ha sido de trascendencia para muchos ámbitos, sociales, económicos y culturales para el Estado, yo nunca me vanaglorio de nada, sólo lo hago.
EL TRABAJO LITERARIO Y CULTURAL
SC: Es que atiendes a tu vocación, a lo que te gusta, a lo que te gusta crear. ¿Cómo describirías tu trabajo poético, literario? ¿Qué miras, cómo te miras a través de tus libros?
SM: Pues me miro, con madurez, con crecimiento… es una labor a la que yo debí de dedicar más tiempo y ponerle más atención, porque ahorita, considero que, si me hubiera ido a estudiar letras, hubiera hecho un posgrado en literatura, hubiera dado más fruto que ahorita. Ahorita yo soy todo eso y nada, porque he estado inmersa en la cultura, en la docencia, pero nunca me he enfocado en una sola actividad.
SC: ¿No puede ser más enriquecedor tener varias facetas para explorar?
SM: Si, pero creo que también se llega una edad como la que estoy viviendo, ya rumbo a los sesenta y dices: ¿qué voy a hacer los siguientes diez años? Y de hecho, ahorita esa es mi filosofía desde hace cuatro años: enfocarme más en la en la poesía.
En los primeros poemas me veo súper libre, rebelde, con mucha fuerza, y ahorita ya me miro con más responsabilidad… caí en eso, en escribir más para el qué dirán.
Me preocupa más, cómo otros poetas, otros escritores, miren mi trabajo y que sea deficiente, eso me preocupa; y antes no me preocupaba. Estoy saliendo de esa etapa.
Estoy en el principio de mi madurez. Porque hasta hace poco pensaba que seguía siendo adolescente, y de pronto mi hija me ha dado muchas lecciones de madurez, de ecuanimidad, y yo sigo siendo muy rebelde, no me mido en lo que digo, en lo que pienso… me aviento a hacer las cosas. Entonces ella me dice: “Yo soy la adolescente, tú eres la mamá”: He tomado mayor responsabilidad por ella. Ahorita estoy estudiando psicología los sábados.
SC: Tienes un curso sobre la poesía como camino de autoconocimiento.
SM: Es un taller y ha sido maravilloso, muy exitoso. Lo acabo de dar en la Feria del Libro del COBAES, a alrededor de ochenta chavos, y me preguntan otras compañeras poetas y escritoras que estuvieron ahí: “oye, ¿y cómo te fue, no batallaste?”. No. Ni ruido hacían. Me hicieron el comentario de que así son los plebes, se levantan, se incomodan… esa es la ventaja que yo he tenido, tantos años trabajando con los jóvenes, sé cuándo el plebe ya se aburrió, cuando ya quiere hablar, quiere participar.
Mi taller tiene todo esto: dieciocho años he hecho Temazcal, incluso si tú lees de los últimos poemas, está muy inmersa la filosofía mexica, con los elementos del aire, del fuego, del viento, de la Tierra, de los rumbos, del este, norte, sur, el oeste, los equinoccios, los solsticios. A veces creo que la gente no lo entiende, pero esto es algo también, que me interesa despertar a través de mis poemas: la filosofía y la enseñanza de los antiguos mexicas, de los antiguos mexicanos, porque en ese momento de crisis con el cambio climático, sólo nos va a salvar regresar al principio de la filosofía de los ancestros, que es el respeto a la Tierra, el respeto al medio ambiente. Esta escasez de alimento por el cambio climático, la falta de lluvia, la sequía que está amenazando mucho al campo, a la ganadería… vamos a tener que regresar a la familia para producir nuestros alimentos, para cuidarnos y para curarnos. Vamos a regresar al pasado, a la historia de vida de nuestros ancestros, esa historia de vida que se transmitió de boca en boca, de generación en generación. Yo tuve la fortuna de conocer a una guía de la ciudad de México, Flor de María, y con ella aprendí a través de ceremonias todos estos principios de naturaleza y de vida y eso es lo que está en mi taller de “El poema como viaje al autoconocimiento”, porque trabajo la memoria ancestral, trabajo la memoria cognitiva, el conocimiento cognitivo, trabajo la filosofía, darnos cuenta del uso de nuestros sentidos, del tacto, el olfato, la vista, el oído; y como a través de la educación cognitiva, regresamos a cada momento con diferentes objetos y alimentos que yo mezclo en este taller, lo voy llevando a través de las letras, de la lectura… voy anclando poemas clásicos y contemporáneos a los sentidos de los participantes, a través del olfato, con un aroma, con un sabor, del oído, con música y de la vista con pinturas que ellos mismos hacen.
SC: ¿Entonces, dirías que tu trabajo creativo está encaminado al autoconocimiento?
SM: Si, aquí en la Universidad Autónoma de Occidente, todos los miércoles y los viernes, imparto este taller para los estudiantes de todas las carreras que quieran inscribirse. Lo imparto en la biblioteca. Ahí los jóvenes llegan con sus trazos de imágenes que escribieron porque vieron una imagen, los alumnos de música, sus canciones que escriben y entonces lo que hago yo, es que, eso que escribieron, lo vivan. Para que la siguiente vez que ellos escriban, tengan elementos que cuidar dentro de su texto y dentro de su escritura.
SC: ¿Has pensado impartirlo al público?
SM: Sí, porque me lo han perdido mucho. En este taller en el COBAES me acompañó Melly Peraza, Pedro Rodríguez, muy solidarios, y me dijeron: “este taller lo tienes que dar en su modalidad completa”. Porque ahí están reflejados los treinta años de mi trabajo en las aulas, y el trabajo que he hecho en poesía, en el temazcal. Lo quiero dar un día antes o previo al Encuentro de Escritoras Sinaloenses, ojalá que nos puedas acompañar. Irasema y yo ya estamos por reunirnos para armar bien el programa, ya le tenemos ahí, y pues a ver si nos tienes una propuesta para que participes.
LA CULTURA EN MAZATLÁN
Silvia, ¿cómo definirías el ambiente cultural en Mazatlán, en este trayecto de treinta años, cómo ha evolucionado, cómo lo describirías?
SM: Lo puedo definir como un privilegio, los mazatlecos somos unos privilegiados en la cultura y en los hacedores de cultura. En Mazatlán la actividad cultural es un privilegio, es sublime, es exquisita. Mazatlán es eróticamente educado, es sensible y envidiado por todo el mundo. ¿Por qué? Porque hay personas excelentes en este Sinaloa y en este Mazatlán, además de las personas que llegaron de fuera a construirse junto con nosotros en la cultura. Yo definiría la Cultura en Mazatlán, como exquisita y privilegiada. Una rica nieve de caramelo (risas)
SC: Los que visitan la zona turística no se imaginan la cantidad de cosas por disfrutar.
SM: Si, Mazatlán es un tesoro muy guardadito y el punto es que como no era tan conocido, y es un destino de playa, pues la gente imagina, un destino de playa, donde vas a emborráchate, a disfrutar de los mariscos, el sol, la playa, la banda.
Y se pensaba que Mazatlán era solo eso. Pero ahora los mandan a los restaurantes del Centro Histórico; además de eso, todos los extranjeros y no extranjeros que se han venido a vivir a Mazatlán se dan cuenta que hay una orquesta, óperaámbito tipo Coyoacán; pero aparte, Sinaloa, es tierra de grandes artistas, poetas, cantantes, músicos; entonces, si ubicaban a Sinaloa por Lola Beltrán, Pedro Infante, Cruz Lizárraga, se empezaron a dar cuenta, con Jaime Labastida, con Antonio López Sáenz, Juan José Rodríguez, Elmer Mendoza, sus amistades son artistas también y cuando vienen, se dan cuenta de esta maravilla.
El Centro Municipal de Artes desde hace treinta años, ha sido un semillero de artistas que están diseminados por todo el mundo. Y esa es la ventaja que hemos tenido los mazatlecos.
«La consolidación de la Cultura en Mazatlán, se ha logrado porque hay talento».
SC: Además tenemos el gran orgullo de ser de Mazatlán
SM: Además de ser gente tan talentosa… por ejemplo, cuando conocí al ingeniero Ricardo Urquijo, pues tú dirías, es un ingeniero en agronomía, sabe del rancho, de vacas, del campo, todos los pájaros te los nombraba, todas las ramas te las nombraba, pero sabía de todo y tenía una gran sensibilidad, la cuna en la que se formó, esa sencillez… fue de gran impulso para Mazatlán que él haya estado cerca del Centro Municipal de Artes por tanto tiempo y Raúl Rico, con el Carnaval, ahora también, cuando se fusiona como Instituto de Turismo y Arte de Mazatlán donde se hace escuela en danza, en música, en teatro.
SC: Mazatlán se ha consolidado en la Cultura
SM: Si, Silvia, pero la consolidación se ha logrado porque hay talento. Porque, qué importa si a un vecino le metes todo el dinero, todo el apoyo, y no hay talento. Los teatros se caen y se quedan solos. Y no quiero mencionar ni ciudades, ni espacios, que han costado millones de pesos y están solos. No florecieron nunca. Esa es la ventaja que tenemos los mazatlecos. Ricardo Urquijo decía: “Los mazatlecos son muy orgullosos”. Es que el mazatleco está orgulloso de su tierra, de su gente, de todo está orgulloso el mazatleco. A un mazatleco no lo humillas. Al mazatleco le vale. En Mazatlán, ahora desconozco esos centros de diversión que existen, pero por ejemplo, yo en mi época, por eso te digo que fui como Forest Gump, porque en todo momento yo estaba ahí. Si estaban los empresarios más ricos de Mazatlán, yo siempre estaba ahí. No solo yo, muchísima gente. Si querías ir al Frog´s, ahí estaba todo mundo. Al Caracol, al Valentinos, al Oyster, al Patio, estábamos todos ahí. Ahora hay restaurantes en los que todo está groseramente caro, esa es la diferencia que ha tenido Mazatlán.
En los últimos cinco años no sé cómo describir a Mazatlán por la cantidad de gente que llegó y puso negocios muy extraños. Como ese “Mal del puerco” y cantidad de nombres de negocios que no son de aquí. Es gente que ha llegado con otros estilos y yo no sé quienes van ahí. Pero de antes te puedo decir que ese es el privilegio de Mazatlán: Ver un atardecer insuperable, sublime, los atardeceres de Mazatlán con ese mar y ese cielo con diferentes tonalidades en cada época que van desde el rosa, hasta el salmón, pues siempre van a superar cualquier entripado que hagas con un palapero, con un constructor abusivo que se está robando el mar, las playas.
SC: Siempre he dicho que en Mazatlán “hay para dónde correr”, tienes kilómetros de Malecón.
SM: Pero lo tenemos que cuidar, Silvia. Lo tenemos que cuidar.
SC: Si, se han perdido espacios, ¿qué es lo que va a pasar en Mazatlán?
SM: Es lo que te digo, como en Guadalajara, si nosotras percibimos cómo es la cultura, muy cerrada en sus grupos sociales, es por eso, porque se han sentido invadidos por tanta gente que ha llegado. Ahora los entiendo. Incluso entiendo a los gringos.
Con la cantidad de gente, de idiomas, de culturas que llega, vas perdiendo tu esencia. Es lo mismo que está pasando en Mazatlán: la cantidad de gente que está llegando con propuestas diferentes y pues también, ni modo. Una construcción social hacia donde avanza este mundo, es que, a pesar de que cada vez queremos hacer las bardas de las fronteras, más altas, va a llegar un momento en que no habrá una frontera que detenga a nadie. Porque nos estamos mezclando todos. Es increíble. Me tocó conocer gente cuando estaba trabajando en el Museo de Arte, que venía de vacaciones y decía: “dentro de tantos años, cuando me jubile, me voy a venir a vivir aquí”. Incluso, conocí a un francés que a los seis años regresó, a un chamaquito alemán, que a los dieciocho dijo también: “cuando me retire me voy a venir para acá”. Y pues, esa es la magia del puerto.
JOSÉ ÁNGEL ESPINOZA “FERRUSQUILLA”
Cuando conocí a Ferrusquilla, lo conocí porque lo invité a una entrevista en la televisión y él, en agradecimiento, me invitó a comer. Y me dijo la Mirla: “Te invita a comer porque le gusta andar con jovencitas”; luego un día, cuando ya tenía como 35 años, éramos amigos todavía pero él estaba más enfermo, casi ni salía, casi no nos frecuentábamos, y la Mirla me dice: “¿y Ferrusquilla?” y le digo, “no, pues ya casi no nos vemos”. Y que me dice: “Pues ya te hiciste vieja” (risas). ¡Ay, Mirla!
De esa época de conocer al Maestro Ferrusquilla fueron muchísimas historias, de contarme sus anécdotas: de cuando se vino a hacer la preparatoria para acá, de cuando conoció a Lola Beltrán, cuando iba a la prepa con el doctor Kumate.
Había una canción que escribió, “El camisa de Juera”, decía que esa canción la hizo, porque por ahí en “La copa de leche”, por Olas Altas, llegaba ese hombre a comer, todo mugroso. Es lo que te digo, aquí en Mazatlán, la gente, teniendo para pagar, entra. Los prejuicios vienen de la gente que no es de aquí de Mazatlán.
LOS APRENDIZAJES
SM: Por ejemplo, cuando fui a Acapulco, cuando era estudiante, me fui con tres pesos, con un puño de amigos, no podía entrar a lugares como el Baby’O y eran unos lugares aparte. Pero cuando venía a Mazatlán y se venían mis compañeras de la universidad conmigo, ¡Entrábamos a todos los lugares! Ese es el encanto que tiene Mazatlán, puedes ir a comer una hamburguesa y estar ahí con alguien rimbombante.
Finalmente fui una joven muy privilegiada, porque en el momento en que yo regresé a trabajar a Mazatlán hice amistad con personalidades muy interesantes, muy importantes, de las que aprendí mucho. Fue un privilegio trabajar coordinando un Festival Sinaloa de las Artes, un Encuentro Mayo Yoreme, un Premio de Pintura Antonio López Sáenz, haber coordinado encuentros culturales.
Trabajé durante 15 años en la Universidad de Durango, y mucho de su modelo de trabajo, es por el modelo que yo diseñé aquí en Mazatlán, porque ellos llegaron y pusieron su localito, pero no tenían ni idea, y las personas que trabajamos en las coordinaciones con ellos, y yo en la parte de comunicación, mercadotecnia y diseñando los programas para los de nuevo ingreso, trabajamos con la fórmula que aprendí dentro de las instituciones mazatlecas. Eso fue lo que a ellos les rindió fruto y ese es un estilo que han replicado en todos sus Campus.
También me tocó trabajar en la producción de material didáctico para Grupo Ibalpe, Inglés Sin Barreras, de Disney, encabezar la primera callejoneada, junto con Ricardo Urquijo y Ernesto Trejo. El Monchi, el maquillista de las estrellas que también ya falleció, me hizo el maquillaje; Julieta Tirado me hizo el vestuario; me acuerdo que el Cayo Urquijo, dijo: “Víctor, vete rápido a la papelería, tráeme La Catrina de Posadas” y sobre la estampa, Julieta me hizo el vestuario.
Yo no tenía ninguna instrucción, nomás era ir caminando delante de la carreta jalada por el burrito que cargaba un barril de cerveza… esa carreta se le pedían prestada al señor que vendía tierra para las macetas y ahí venía el Chegüe dando cerveza y yo adelante, caminando. Decía: “Bueno, pues qué hago”… y como yo, cuando estuve en el Cabañas, el maestro Félix Vargas me nombró la Catrina de la noche de muertos, y era una noche charra, una noche poblana, y la muerte empezaba con una carcajada aterradora… de pronto se me ocurre lanzar esa carcajada aterradora (risas) ¡Fue una corredera de gente! ¡Qué susto les pegué! Y luego empecé a gritar mis diálogos: “Aquí estoy, ¿no me sientes? soy la Muerte, abre los ojos, ciérralos si quieres, pero aquí estoy, y soy La Muerte. Tu amiga de hoy, ¡Tu amiga de siempre! Jajajajaja”. Y me acuerdo que llegué a La Machado y me le ponía a la gente a un lado. En una de esas me puse junto a una señora, creo que se llamaba Doña Elvira, en frente del Teatro Ángela Peralta, ¿Te acuerdas que siempre estaba una señora mayor sentada? Ah, pues esa señora, estaba en una banca, y llegué, me puse al lado y la señora me decía: “Vete, chiquitita, vete chiquitita”, ¡Me corría! (risas)
También tuve anécdotas con Enrique Patrón de Rueda, un hombre demasiado estricto y potente en sus órdenes, en todo lo que tenía que ver con los ensayos o con lo que se necesitara. Si necesitaban un baúl del año 400, yo tenía que saber de dónde lo sacaba, pero lo tenía que sacar. Si necesitaban una máquina de humo tenía que buscarla. Si el vestido de la Soprano se rompía tenía que ver dónde se lo arreglaban; atender dónde iban a ir a dormir, a comer, los artistas. En ese tiempo todo se le rentaba a Bellas Artes, porque aquí no había orquesta, escenografía. Llegaban los camiones de Bellas Artes cargados con todo para cada ópera, los cantantes de diferentes partes.
SC: Fue toda una universidad.
SM: Eso es lo que me ha valido que me contraten en otros lugares para conducir, a coordinar. En la Expo de Guadalajara estuve muchas veces trabajando y yo no me daba cuenta por qué, Silvia. Hasta ahora ya entiendo por qué. Era por mi disciplina, por mi visión. Cuando estuve trabajando para el Festival Sinaloa de las Artes, dos compañías, una francesa y una italiana, me hicieron el ofrecimiento de irme a trabajar. Debí haberme ido, pero no lo hice. Chamacas que andaban de edecanes, de bailarinas o de coristas, les tomaron la palabra, y si no se fueron de novias, se fueron trabajando y mira, allá andan. Nunca regresaron.
EL RESCATE DE LAS COMUNIDADES TURÍSTICAS SUSTENTABLES
SC: Pero Mazatlán agradece que te quedaras.
SM: Pues sí. Aunque me han propuesto muchas veces para dirigir el Instituto de Cultura, el Museo de Arte, la política siempre se impone. Un tiempo trabajé en la Secretaría de Turismo. También ahí empleé todo mi arsenal y experiencia en las instituciones culturales para hacer el diseño de un programa de rescate de las comunidades turísticas sustentables, los ranchos se estaban quedando solos y cuando empecé a diseñar la Feria del Pay de Plátano, Equinoccio de Primavera, Ruta del Jaguar, tianguis gastronómico de La Noria, la gente regresó a los pueblos, con estos programas.
EL POEMA COMO VIAJE AL AUTOCONOCIMIENTO
SC: ¿Qué proyectos tienes en puerta?
SM: Los proyectos que estoy diseñando para la universidad, de poesía y otro de medio ambiente. El taller que te comento: El poema como viaje al autoconocimiento lo quiero sacar de las aulas porque pensamos en la parte académica, pero siempre he tenido un espíritu social y como se presentan las cosas actualmente con el problema del cambio climático, a mí me preocupa mucho, pero también el de la violencia, porque todo esto nos está provocando baja autoestima, la cuestión económica… Hay mucha gente en depresión. Muchos estudiantes no están rindiendo en la universidad, hay mucha deserción universitaria, pero además, a los jóvenes les está dando miedo enfrentar el mundo, las condiciones en las que está. Sienten que no están capacitados para entrar a la universidad o tienen flojera, pero es un síntoma. Yo tengo una hija que va a entrar a la universidad, hablo con otras mamás, y sus hijas no se quieren ir de Mazatlán a estudiar a otras universidades, tienen miedo.
SC: ¿Crees que hacer énfasis en el arte, durante su formación, puede contribuir a paliar esto?
SM: Definitivamente el arte es válvula de escape para los jóvenes y para todas las personas: Bailar, escribir, pintar… Uno de los éxitos de la Cultura en Mazatlán es eso: Hay tantas expresiones y actividades artísticas a las que la gente puede ir y se puede expresar. Hay lugares para ir a hacer y para ir a ver. Lo que sí ha fallado en con los niños y en las comunidades, en la periferia.
Estoy trabajando en un nuevo libro. Realmente este es el tercer libro, Silvia, porque los otros dos no fueron impresos, fueron instalaciones y el libro se imprimió en tendones, pero si, finalmente sería mi quinto proyecto y lo quiero revisar, tener listo, este año.
Y seguir con el taller de El poema como viaje al autoconocimiento, porque como te decía, he descubierto que tiene muchos beneficios, porque los aprendizajes se reavivan y se les da un nuevo sentido, porque se va encauzando todo a un nuevo espíritu, a una nueva misión de vida, porque las personas debemos tener una nueva misión de vida, a partir de estos momentos donde vemos que todo está cambiando radicalmente, en la economía, en el medio ambiente, en la alimentación, todo.
Y pues, el Encuentro de Escritoras Sinaloenses, que se antoja con más compromiso este año, con un nuevo formato para que las participantes, crezcamos y tengamos más contacto con las mujeres que escriben.
Silvia Castillo Romero. Actriz de teatro y periodista cultural. Directora y fundadora de Quiénes Somos Hoy -Arte, cultura y sociedad- www.quienessomoshoy.com
