CAVILACIÓN
MDH Ramón Larrañaga Torróntegui
Las personas no aprenden rápidamente al sufrir de ansiedad prefieren lo cómodo, piensan en lo que se dirá a sus espaldas, ese miedo a sacudirse les impide disfrutar. Necesitamos cambiar, no juzgar, dejar en condenar, ser sinceros, tener paciencia, ocuparnos de lo que otros sienten, asegurarnos en que no presienta es rechazado. Se dan diferencias en criterio, enfrentarse a ideas pero el tiempo demuestra la manera en afrontarlas sanamente. Muchos de los rechazos son la dificultad en adaptación a las ideas contrarias que se fueron acumulando a lo largo de la vida y se convierten barreras que no se consigue aceptar.
Desafortunadamente la mayoría de nuestras acciones van encaminadas a desalentar a los demás, ante la incapacidad en no enfrentar desafíos pero a menudo se da el consejo con respuestas a situaciones en las que no se cuenta con la experiencia. Se está dispuesto hablar a veces amigablemente en otras negativamente hiriendo la sensibilidad sin importar romper el equilibrio en las relaciones. El ser amigo, se aprende.
Formarse es escarbar para descubrir la felicidad, usar el cerebro para que mueva las manos en forma correcta. El destino está en manos de cada cual, las situaciones precipitan a ciertas decisiones las cuales empujan a la felicidad o a la desgracia. Decidir es opcional cuando se ejerce la libertad al momento de elegir. Ser feliz se construye en la mente, lo mismo el estar triste, considerar ser víctima de algo, pensar son injustos contigo o traer delirio de persecución. Poseer confianza en uno mismo es contar con la fuerza necesaria y en saber enfrentar las circunstancias.
La justicia no debe dejarse escapar y no es consejo sino la verdad misma en la forma de enfrentar los problemas. Llenarnos en buenas acciones para que no exista vacio donde se alojen los conflictos es cambiar el enfoque para enfrentarlos. La felicidad es parte del egoísmo, es un esfuerzo por ganar todas las batallas tratando en demostrar que se ha alcanzado un nivel. El egoísmo, desencadena que se actué en forma negligente ante situaciones simples para que otros alcancen su armonía y felicidad. A nadie le da resultado nadar contra corriente, la mayoría gusta mantenerse a flote para demostrar que siguen vivos, esa es la su manera en valorar ser positivos, es la forma divertida y chusca en la que se presentan los que han perdido la dignidad.
El ser feliz es ser amable, humilde, cariñoso, digno sin ser incomodo. Estar ahí y, ser, deleitar con su charla, valorar la autoestima de los otros, compartir tristezas, incluso minimizarse en ciertos instantes para no ser observado con desprecio o envidia. Levantarse ante cualquier acoso o intimidación por arrogancia de quien comparte platica, dejar que la hipocresía corra o se quede estancada en la mente obtusa incapaz en cambiar. No ser negativo; hay personas de las que no podemos esperar nada, mucho menos que rectifiquen en sus errores, sus debilidades, pasiones.
En la vida hay que educar a la mente, en la amabilidad mediante la práctica, caminar con un rostro amable, una sonrisa de bondad, un sentimiento cálido, evitando personas llenas de odio, venganza, ira incontenida. Esas son las fomentadoras de toda enfermedad espiritual. La discordia mata toda convivencia, paz, amor. Es un conjuro que llama la desgracia y se mezcla con las acciones alcanzando el desastre. Ser humilde, es quitar el fuego de la boca, moderar el lenguaje, selecciona las palabras, jamás dejar que la ira le gane porque esa destruye toda buena intención, envenena, rompe armonía.
El vicio, la violencia, la ira, amargura, odio destruyen. Se encargan en crear desiertos. La tierra es tu cuerpo. El celo, la pereza, astucia son lecciones aprendidas por falta de compromiso en el carácter. Se ocupa en ser integro, correcto, aprender a servir a los demás, construir para ellos. Buen inicio es dar al hijo (a), la palabra o acción que necesita hasta que se levante de su niñez y, la herede a sus hijos.
Enseñarlos arrepentirse con gallardía, regresando con bondad lo mal hecho, animarlo en sus esfuerzos para que tome el camino correcto, sin negarle ayuda. Que sea feliz con alegría cambiando lo que sea necesario. Los deseos del corazón del padre viven en el alma de su hijo. Al hijo hay que hacerle sentir que ¡No! nos pertenece a pesar de las calurosas bienvenidas que reciba. Hacerlo sentir bien, amado, cerca de nosotros. Recordarle que es importante confiar en las personas hasta que demuestren lo contrario, hablar bien del prójimo y si no hay nada bueno que decir mejor callar sin humillar. No es correcto señalar si no existe la certeza.
